Dime dónde te duele y te diré qué tienes (y cómo tratarlo naturalmente)

Infografía de las zonas de dolor de cabeza: migraña, tensión, ATM, hipertensión y sinusitis

Hay mañanas en las que te despertás y sentís que tenés un clavo en la sien. O peor, esa presión que parece que te están apretando la cabeza con una prensa hidráulica. Lo primero que uno hace es ir al botiquín, pero la verdad es que tomar pastillas por deporte no soluciona nada si no entendés por qué te duele.

Hace poco me puse a revisar a fondo el famoso “mapa del dolor” y te digo que me voló la cabeza. No es casualidad que te duela justo detrás de los ojos o en la base de la nuca. Tu cuerpo te está mandando un mensaje de texto cifrado y ya es hora de que aprendas a leerlo. Después de años de ver cómo la gente se automedica y termina con el estómago arruinado sin solucionar el problema de fondo, hoy vamos a ver qué hay detrás de esos latidos insoportables y cómo podés bajarlos a tierra con lo que tenés en la cocina.

1. Esa vincha que no te deja pensar: Cefalea Tensional

Este es el dolor más común del mundo. Sentís que tenés una banda elástica apretándote la frente y las sienes, y a veces parece que el dolor te baja por el cuello hasta los hombros. En los hospitales lo anotan como cefalea tensional.

El problema acá no es tu cabeza en sí, sino tu sistema nervioso que está en modo “alerta roja” hace semanas. Cuando estás pasado de rosca, los músculos que envuelven el cráneo se contraen tanto que cortan el flujo normal de sangre. Es un círculo vicioso: te estresás, te duele la cabeza, y como te duele, te estresás más.

¿Cómo lo bajamos sin químicos? Lo mejor que podés hacer es buscar magnesio. Es el relajante muscular que nos dio la naturaleza y casi todos tenemos déficit porque el suelo hoy está agotado. También, si tenés a mano aceite de lavanda, ponete una gota en las sienes. No es esoterismo: la ciencia ya probó que inhalar lavanda baja el cortisol (la hormona del estrés) casi al toque.

Un consejo que me funcionó: Antes de ir a la pastilla, probá con calor. Un baño caliente o una bolsa de semillas en el cuello ayuda a que esos músculos que parecen piedras se ablanden un poco. La rigidez de hombros y cuello suele ser el “ancla” que mantiene este dolor vivo.

2. Cuando el dolor es un taladro: La Migraña

Si el dolor te agarra solo en una mitad de la cabeza, sentís que el ojo te va a explotar y la luz te molesta como si te estuvieran apuntando con un reflector, bienvenido al club de la migraña. Esto no es un dolor de cabeza fuerte; es un despelote neurológico donde los vasos sanguíneos se inflaman de más.

Lo que casi nadie te dice es que la migraña tiene un pie en el estómago. Hay cosas que comés, como esos embutidos llenos de nitratos o el glutamato que le ponen a la comida procesada, que son dinamita para tus arterias cerebrales.

La receta que sí sirve: El jengibre. Me encontré con varios estudios que dicen que el polvo de jengibre es tan potente como algunos fármacos caros de farmacia, pero sin que te queme el esófago.

  • Hacelo así: Picá un trozo de jengibre fresco, hervilo 5 minutos y tomalo apenas sientas que el dolor está por arrancar. Si esperás a que te parta la cabeza, ya es tarde. El jengibre bloquea las prostaglandinas, que son las sustancias que causan el dolor y la inflamación.

3. El aviso en la nuca: Cuidado con la presión

Si sentís latidos o una pesadez constante justo donde termina el cráneo y empieza el cuello, prestá atención. Muchas veces esto no es contractura, sino tu presión arterial que se fue a las nubes. El sistema cardiovascular usa la nuca como una válvula de escape para avisar que la sangre está empujando con demasiada fuerza.

Lo que tenés que hacer: Andá a la farmacia y tomate la presión. Es aburrido, pero te puede salvar la vida. Si está alta, nada de inventos: consultá al médico. Para ayudar en el día a día, bajale fuerte a la sal y empezá a comer más plátano o espinacas. El potasio que tienen esos alimentos ayuda a que tus arterias no estén tan rígidas. También el ajo crudo (si te lo aguantás) es un vasodilatador natural increíble.

4. El dolor “detrás de la nariz”: Sinusitis y Alergias

Si te duele la frente y los pómulos, y sobre todo si sentís que se te viene el mundo abajo cuando te agachás a atarte los cordones, tenés los senos paranasales inflamados. Es la típica sinusitis o una alergia que se te complicó.

El truco de los lavados: Mucha gente le tiene idea, pero los lavados nasales con agua tibia y sal son lo mejor que hay. Limpiás la “cañería” y sacás la presión de raíz. También podés hacer vahos con eucalipto. El eucalipto tiene un componente que se llama cineol que es un desinflamatorio natural que te despeja en dos minutos.

5. La mandíbula que te sabotea el sueño: ATM y Bruxismo

¿Te despertás con las sienes cansadas o dolor en la cara? Lo más probable es que seas bruxista. Apretamos los dientes a la noche porque no sabemos qué hacer con la bronca o el estrés del día. El músculo masetero (el de la mandíbula) es uno de los más fuertes del cuerpo y cuando se tensa, el dolor sube directo a los costados de la cabeza.

Ejercicios para soltar: Antes de dormir, hacete masajes circulares en la zona donde se juntan las mandíbulas. Y un truco que leí de un fisioterapeuta: tratá de mantener la punta de la lengua en el paladar, justo detrás de los dientes de arriba, pero sin que los dientes de arriba y abajo se toquen. Eso obliga a tu mandíbula a estar relajada.

6. El dolor de la “carga mental”: Burnout Parental

Ahora está de moda decirle “dolor parental”, pero es el burnout de toda la vida. Es ese dolor que sentís que te nubla todo el frente porque ya no podés procesar un pedido más, un grito más o una tarea pendiente. Tu cerebro está inflamado de tanta información.

Cómo curarlo (en serio): Acá no hay té que valga si no empezás a decir “no”. Pero para darle una mano al cerebro, buscá Omega-3. El aceite de pescado o las semillas de chía ayudan a que las neuronas se comuniquen mejor y bajan esa inflamación silenciosa que te hace sentir quemado. El cerebro es básicamente grasa; si le das grasa de mala calidad (frituras), funciona mal. Si le das Omega-3, se desinflama.

7. El eje Intestino-Cerebro: Lo que no digerís te duele

Me parece importante hablar de esto porque casi nadie lo conecta. Hay gente que tiene dolores de cabeza crónicos y el problema es que tienen el intestino “colador” (permeabilidad intestinal). Si tu digestión es un desastre, lo más probable es que tu cabeza también lo sea.

Cosas que tenés que sacar ya: El azúcar blanca y las harinas refinadas inflaman todo. Si lográs sacarlas por dos semanas, vas a ver cómo esos dolores “de la nada” empiezan a desaparecer. También fijate con los lácteos; a mucha gente le generan un moco que termina en sinusitis y dolor de cabeza frontal.

8. Disparadores invisibles que ignoramos

A veces la solución no está en la comida, sino en el ambiente.

  • La luz azul: Si laburás frente a la pantalla todo el día, tus ojos se cansan y mandan una señal de dolor al cerebro. Bajale el brillo o usá filtros.
  • La deshidratación: El cerebro flota en líquido. Si no tomás agua, ese “colchón” baja y te empieza a doler todo. A veces, un vaso de agua con una pizca de sal marina cura más que un paracetamol.
  • La postura: El “cuello de texto” por mirar el celular todo el día pone una carga de 20 kilos extra en tus cervicales. Enderezate.

Mi receta maestra: El batido “Anti-Clavo”

Si sentís que el dolor está asomando y no querés caer en la pastilla de siempre, probá este batido. No es magia, es química aplicada:

  • 1 taza de agua de coco: Te da electrolitos. Muchas veces el dolor es pura deshidratación.
  • 1 rodaja de jengibre fresco: Para bajar la inflamación de los vasos sanguíneos.
  • Un puñado de espinacas: Magnesio puro para que tus músculos se suelten.
  • Media manzana verde: Para el sabor y para la quercetina (un antioxidante genial).
  • Una pizca de cúrcuma: Es el antiinflamatorio más potente de la naturaleza (activado con un poquito de pimienta negra).

Meté todo en la licuadora y tomalo despacio.

¿Cuándo hay que dejar de leer blogs y correr al médico?

No soy médico, y aunque amo lo natural, hay momentos donde hay que ser serios. Si sentís alguna de estas cosas, dejá el jengibre y andá a urgencias:

  • Un dolor que apareció de golpe, como si te hubieran pegado con un bate, el más fuerte que sentiste en tu vida.
  • Si además del dolor, te cuesta hablar o sentís que se te duerme un brazo.
  • Si tenés fiebre alta y sentís el cuello tan duro que no podés tocarte el pecho con la pera.

Para cerrar…

El dolor de cabeza es, básicamente, tu cuerpo pidiendo una tregua. Puede ser falta de agua, falta de sueño o simplemente que te estás guardando demasiadas cosas que tendrías que haber dicho. Empezá a notar el patrón: ¿te duele siempre cuando no desayunás? ¿O cuando te peleás con tu jefe?

Lo mejor que podés hacer es empezar un “diario del dolor”. Suena a mucho trabajo, pero es la única forma de encontrar al verdadero culpable. A mí me pasó: descubrí que mi dolor de las tardes era por el brillo de la pantalla y no por el café. A veces la solución es mucho más simple de lo que pensamos.

FUENTE: https://naxio.com.ar/donde-te-duele-cabeza-remedios-naturales/